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Montserrat y la Merced marcaron la vida de San Josemaría

4 de noviembre de 2015

Etiquetas: libros, Opus Dei, Virgen, España, Josemaría Escrivá
San Josemaría ha estado en Cataluña innumerables veces, siempre, de un modo u otro, marcadas por su devoción mariana. Compartimos parte de una entrevista realizada Josep Masabeu, autor del libro "Escrivá de Balaguer en Cataluña, 1913-1974. Huellas de San Josemaría", editado por Publicaciones de la Abadía de Montserrat.




San Josemaría tenía gran devoción a la Virgen de Montserrat.

Siempre tuvo esta devoción a la Virgen de Montserrat. En este punto quiero comentar dos cosas. San Josemaría tenía una diabetes muy dura que se curó de repente el 27 de abril de 1954, y él siempre consideró que era un favor de la Virgen de Montserrat. Y un tiempo después, cuando fue a Viena por primera vez, ante la imagen de María Pöstch de la catedral de esta ciudad la invocó con la jaculatoria Stella Orientis, que es una expresión que no hay en toda la literatura patrística ni medieval.

Equivale a Estrella de la Mañana, pero el único que utiliza esta expresión en toda la literatura y en toda la liturgia es Mons. Cinto Verdaguer en el Virolai, cuando dice "de los catalanes siempre seréis princesa, de los españoles Estrella de Oriente". Es la única vez en toda la historia de la Iglesia que sale esta expresión. No sabemos si san Josemaría lo cogió de aquí, pero sí sabemos que san Josemaría había leído Verdaguer.


San Josemaría visitaba a la Virgen de la Merced en sus estancias en Barcelona

A todos los lugares donde iba san Josemaría para empezar la labor, una de las primeras cosas que hacía era ir a rezar a la Virgen patrona del lugar. Ha estado en todos los santuarios y catedrales de todas las provincias y grandes ciudades. Y aquí, en la Merced. La primera visita que tenemos documentada es el 2 de abril de 1940, ya que José María Hernández de Garnica así lo explica en una relación de este viaje. Después, oraba y pedía a los conocidos de Barcelona que rogaran a la Virgen de la Merced por las especiales contradicciones que había.

Una devoción que tuvo durante años.

Pero el momento definitivo fue en 1946, cuando Álvaro del Portillo, que ya era sacerdote, estaba en Roma para conseguir la aprobación pontificia del Opus Dei y se encontró con todas las puertas cerradas. Es cuando le dijeron: "ustedes han llegado con un siglo de anticipación". Pidió a san Josemaría que fuera a Roma para conseguirlo. Aunque san Josemaría tenía la diabetes y el médico le había desaconsejado el viaje, se embarcó en una travesía desde Barcelona.

Antes pasó por la basílica de la Merced a orar por la solución jurídica del Opus Dei. El mismo día por la mañana hizo una meditación en el pequeño oratorio de un centro que lo llamaban la Clínica porque vivían tres médicos, donde repitió aquellas palabras de san Pedro: "Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué será de nosotros?". Explicó que le pidió a la Virgen de la Merced y dijo que quería hacer un retablo para aquel oratorio presidido por la Virgen de la Merced, que actualmente se conserva en el Colegio Mayor Monterols.

Cuando regresó de Roma con la aprobación siempre lo refirió todo a la Virgen de la Merced. Y en octubre volvió expresamente para dar gracias a la Virgen de la Merced. Ahora hay un relieve en el camarín de la basílica donde se explica. Años después, el 23 de septiembre de 1973 en una casa de Premià que se llama Castelldaura dijo que estaba haciendo una novena a la Virgen de la Merced, porque durante los primeros años en Barcelona la Virgen de la Merced era de las pocas personas que le querían.

En todos los viajes trataba de ir, pero no exactamente el primer día, iba cuando podía. En las escalas que hacía el avión en el viaje Roma-Madrid o viceversa, encargaba a las personas que lo habían ido a ver que fueran de su parte. Y en muchas cartas dirigidas a las personas de la Obra de Barcelona también se lo encargaba.

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